La Enfermedad, también es Poesía

La Enfermedad, también es Poesía
Por: Lizbeth Escárcega 
Ensayo de maestría para la materia de "Temas especiales de la Psicoterapia Humanista Corporal I"
Instituto Humanista de Psicoterapia Corporal Integra
 


“La poesía es el género de la sinceridad última e irreversible” 
Mario Benedetti 


Istvan Sandorfi

Hay momentos en nuestra vida, que tienen la particularidad de ser un parte aguas en nuestra existencia. Son espacios atemporales, suspendidos en lo que conocemos como nuestra “realidad”; nos despojan de lo conocido, de lo superfluo y nos expulsan, como un nuevo nacimiento, a un espacio interior inexplorado, simbólico, lleno de acertijos y desafíos… la enfermedad, es sin duda, uno de esos momentos.

Lejos de vivirse como un proceso objetivo de respuestas y acciones concretas, la enfermedad es un viaje con toques surrealistas, donde lo subjetivo regula las percepciones y la verdad individual, se abre paso, a través de la sombra[1]. Las certezas se vuelven relativas: lo “sano” parece enfermo y el “enfermo” se siente más sano que nunca; el espacio se percibe en una dimensión adicional, la interior; el tiempo adquiere un doble matiz, la carrera contra el avance de la enfermedad y la parsimonia de tu propia introspección; el yo se funde con el SER, descubriéndose una nueva identidad y…respetuosamente, la muerte deja su guadaña junto al miedo, te toma de la cintura y se sincroniza contigo a ritmo de vals.

La experiencia de la enfermedad –que no es lo mismo que dolencia-[2] se vive hilvanando las creencias, sintiendo al cuerpo, remachando opiniones externas y descosiendo apegos; entre un zurcido de emociones y puntadas de fe. Un parte aguas, un renacimiento, un proyecto de costura o un viaje, al final la enfermedad se siente como una experiencia personal hecha a medida, pero que sorprendentemente converge en imágenes arquetípicas, en reflexiones colectivas que pareciera, fueron sacadas de nuestra más secreta intimidad. Un proceso profundamente personal,  pero que nos dirige hacia la integración con el mundo, a una fusión con la humanidad, con la tierra…con nuestro universo interno. Sin duda, la enfermedad se vive en TODAS las dimensiones que poseemos: corporal, mental, social y espiritual.

 “La poesía, no es otra cosa que la sublevación del hombre contra la razón”
Dalmiro Sáenz


Istvan Sandorfi
El impacto inicial, ante la llegada de la enfermedad, se traduce en una búsqueda frenética de causas, de inagotables “por qué”. Conforme avanzas en tu figura interna, el fondo externo se vuelve difuso, las relaciones causales se vuelven obsoletas y se reducen, a meros factores que coexisten con tus miedos y confusiones. Daniel Goleman (1993), le da nombre a esos factores, como protagonistas en el desarrollo de la enfermedad: la herencia, los malos hábitos, el entorno, y algo verdaderamente relevante, las emociones, que desafían y amenazan nuestros pilares internos, al corazón y su fuente incansable de energía, al sistema de ángeles guardianes que nos dan inmunidad y al cerebro con su orquesta en sincronía.

Las emociones en la enfermedad, se manifiestan como un verdadero espectáculo de fuegos artificiales, espontáneas e inesperadas…hermosas, siempre honestas, dispuestas a colgarse de cualquier síntoma[3] para hacerse notar, para levantar la voz, para gritar si es necesario, para romper tantos años de silencio. Explosivas, coloridas y gracias a la enfermedad, sanadoramente fugaces. 
 
Cuerpo y mente –por fin- alineados con un lenguaje en común, emoción y síntoma; trabajando en sincronía y anhelando expandir nuestra presencia hacia el cielo y arraigarse[4] hacia la tierra. Pero esta conexión no es espontánea, es un proceso, y sobre todo, una decisión.

Istvan Sandorfi

Cuando el dolor, la desesperación, la impotencia y la frustración “habitan el cuerpo” de un paciente enfermo, parece inevitable el deseo de fuga: huir del sufrimiento, de la distancia entre la voluntad y la (dis)capacidad, abandonar al cuerpo para refugiarse en la imaginación, en los hubieras; crear un holograma corporal, para existir en él, sin brazos, sin piernas, sin corazón; que no sangre, que no enferme, que no sienta…

¿cómo contrarrestar este deseo de fuga? 
¿para qué quedarse en el cuerpo y arraigarse, si duele tanto?

“¿Qué es la poesía? El amor que descubre su propio ritmo”
Rafael Barrett

 
Tal vez la respuesta no se esconde en el cuerpo, sino en el espíritu. En entender que no somos seres humanos que pueden seguir o no un camino espiritual, sino seres espirituales que siguen una senda humana. Finalmente, la vida en sí en realidad, es una enfermedad mortal (Bolen, 2006).



 El camino espiritual puede ser incierto, desafiante e inicialmente desierto para quienes aprendimos a vivir en la razón. Pero la enfermedad se encarga de mostrar claramente el camino, de ser implacable y llevarte instintivamente hacia la rendición.

Istvan Sandorfi


Para iniciar una vida espiritual –y sobrevivir una enfermedad- hay que rendir al ego. Y para ello, abrir los brazos y recibir conscientemente una larga peregrinación de enojo, rabia, justificaciones, racionalizaciones, resistencias, soberbia y un sinfín de mecanismos de defensa que se sienten amenazados ante la incertidumbre, y el estado de humildad y vulnerabilidad en el que quedas, después de la “batalla”[5]. Porque esta batalla no se libra contra la enfermedad, sino contra un viejo conocido: nuestro yo.
 
Este despertar del espíritu, es imposible sin antes encontrar, y ser fiel, a esa voz interna que invariablemente nos dirige hacia la posibilidad de trascender: hacia el amor. Ese estado de conexión universal que nos permite pertenecer y mantenernos con vida, porque sólo a través de él, la enfermedad tiene sentido ¡sólo así vivir tiene sentido! Lejos de experimentar el misticismo a través de la religión, es una experiencia personal de amor, conexión, integración… de UNIDAD[6].

  



“La poesía es el eco de la melodía del universo en el corazón de los humanos”
Rabindranath Tagore



 La enfermedad, es una oportunidad de descubrimiento, de claridad y honestidad, pero también es un camino de pérdidas: corporales, filiales, económicas ¿quién querría estar en un estado de duelo permanente? ¿Cuál es el propósito de recorrer este camino “ligero de equipaje”? Porque para caminarlo, tenemos que deshacernos de nuestra apariencia, de nuestro atractivo físico, corazas, murallas y pesadas relaciones con los otros y con nosotros mismos. Viajar ligero libera los anhelos y las causas verdaderas, con una sabia dosificación de energía, nos permite regresar a nuestro cuerpo físico, sin abandonar las alas.






“Poesía es la unión de dos palabras que uno nunca supuso que pudieran juntarse,
y que forman algo así como un misterio”

Federico García Lorca

 
Istvan Sandorfi

 Durante el tránsito por la enfermedad, nos encontramos en el centro de dicotomías que se empeñan en desmembrarnos. Un frenético jaloneo entre la salud y la enfermedad, la medicina tradicional y la alternativa, entre la muerte y la vida…entre lo masculino y lo femenino.


Cuando la voluntad se aferra a causas imposibles, en concentrarse en producir, en transformar la realidad, en competir con el propio cuerpo y tomar acción sobre la misma enfermedad aflora el hacer de la masculinidad; mientras que la aceptación del presente y de las personas por lo que son, no por lo que hacen, centrándose en la relación, inclusión, aceptación, compasión y ternura, son manifestaciones del ser femenino (Wilber, 1995).


La enfermedad se vive con la intención de restablecer un equilibrio[7]; ser y hacer al servicio equitativo de la sanación, determinación Y compasión para decidir tratamientos, fe y razón para afrontar la realidad; para eludir conscientemente la tentación de dominio y no portar la máscara de héroe o de víctima.


Istvan Sandorfi

Simbolismos, metáforas, imágenes, un lenguaje profundo y sensible en conexión directa con las emociones y lo sublime; no hay diferencia entre los instrumentos poéticos y las vías de la enfermedad. Ésta no sólo es cruel, devastadora e implacable, también es verso libre, estrofa desnuda y puntos suspensivos…

 Ya es momento de sanar a la enfermedad, de liberarla de miedos ancestrales, de pensamientos racionales y científicos. Hay que llenarla de flores, de polvo de estrellas, de esperanza y de pócimas sagradas. Al fin y al cabo… la enfermedad, también es poesía.



“Ambicionamos no plagiarnos ni a nosotros mismos, a ser siempre distintos, a renovarnos en cada poema, pero a medida que se acumulan y forman nuestra escueta o frondosa producción, debemos reconocer que a lo largo de nuestra existencia hemos escrito un solo y único poema
Oliverio Girondo




[1] Llamamos sombra (en la aceptación que da Jung a la palabra) a la suma de todas las facetas de la realidad que no reconocemos, lo que no queremos ser, lo que no queremos admitir en nuestra identidad, nuestro lado negativo. El polo descartado que vive en el lado oscuro de la conciencia (Dethlefsen, 2015)


[2] La persona debe también afrontar el trato que su sociedad o cultura dan a esa dolencia: todos los prejuicios, temores –fundados o infundados- las expectativas, los mitos, las historias los valores y los significados que una determinada sociedad atribuye a cada afección. Este aspecto de la indisposición se denomina “enfermedad” (…) Así pues, la ciencia nos dice cuándo y cómo padecemos una dolencia, pero es la cultura –o subcultura- en la que estamos inmersos la que nos dice cuándo y cómo estamos enfermos. Wilber (1995).

[3] Un síntoma, siempre es una parte de la sombra que se ha introducido en la materia, indica lo que falta en el paciente. (Dethlefsen, 2015)

[4] Estar arraigado significa estar enraizado, participando de la experiencia humana. Es “estar plantado en el propio cuerpo, en la psique, en la sexualidad” Kriz (Citado en Totton, 2001). Pero más que una postura corporal, con énfasis en las extremidades inferiores y su respectivo flujo energético, se refiere a una postura ante el mundo y uno mismo; es comprometerse, estar presente y sobre todo, conectado. 


[5] La enfermedad siempre significa regresión y coloca automáticamente a las personas en una posición de desvalimiento y de impotencia. Cuanto más conscientemente se acepten estos estados, tanto más efectivo el ritual de curación (Dahlke, 2004).

[6] De acuerdo a lo propuesto por Varela (Citado en Goleman, 1993), el sistema inmunológico nos permite tener una existencia corporal, y algunas enfermedades, ponen en entredicho a la medicina tradicional, entre ellas, las enfermedades auto inmunes y el cáncer, por no saber propiamente como tratarlas. La propuesta alternativa, consiste en resocializar las partes del cuerpo que han sido excluidas, es decir, no es la aniquilación de lo anormal, sino la reintegración a la UNIDAD ¿será esa la reflexión primaria de la enfermedad? ¿La propia enfermedad es una vía directa para regresar a la conexión espiritual, un instrumento de “resocialización”?

[7] Los pensadores budistas tibetanos, consideran la enfermedad como el desequilibrio en el cuerpo psicofísico, que se produce a raíz de las emociones conflictivas (Goleman, 1997)






Referencias
Bolen, J. (2006). El sentido de la enfermedad: un viaje del alma. Ed. Kairos. Barcelona, España.
Dahlke, R. (2004). El mensaje curativo del alma. Ed. Robin Book.
Dethlefsen, T. y Dahlke, R. (2015). La enfermedad como camino. Ed. De bolsillo. México.
Goleman, D. (1997) La salud emocional. Ed. Kairos. Barcelona, España.
Totton, N. (2003) Body Psychotherapy: An introduction. Open University Press. EUA Traducción por  Deborah Meza.
Wilber, K. (1995) Gracia y Coraje: En la vida y en la muerte de Treya Killiam Wilber. Gaia Ediciones. Madrid, España.
Todas las Pinturas: Istvan Sandorfi
 



 

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