Intimidad: Desde el YO hasta el NOSOTROS
Por: Lizbeth Escárcega
Especialista en Intervención en Crisis
Intimidad
quiero que me relates
el duelo que te callas
por mi parte te ofrezco
mi última confianza
estás sola
estoy solo
pero a veces
puede la soledad
ser una llama.
Mario Benedetti

Especialista en Intervención en Crisis
Intimidad
quiero que me relates
el duelo que te callas
por mi parte te ofrezco
mi última confianza
estás sola
estoy solo
pero a veces
puede la soledad
ser una llama.
Mario Benedetti
El recuento de los daños...
Estoy en duelo, triunfó el amor pero una relación terminó luego de 10 años de historias compartidas. El recuento de los daños: un amor intacto, una vida sexual agotada y un futuro incierto por compartir. Aunque el proceso de cierre fue impecable, cero reclamos, sin drama y sin heridas abiertas, terminamos con un millón de interrogantes ¿Qué fué lo que no resultó?
El insight...
La respuesta la encontré donde menos la esperaba, en una acalorada discusión acerca del "mundo interior", esa idea implantada para marcar una diferencia entre el YO y el NOSOTROS. Un amigo sugirió: "...Debemos cambiar el concepto de MUNDO INTERIOR por el de INTIMIDAD". ¿I n t i m i d a d?...Guardé silencio y regresé a esa humilde palabra pasada por alto, que empezó a darme las anheladas respuestas de mi ruptura.
La búsqueda...
No fue sencillo encontrar una definición para un concepto tan desgastado y prostituido. Pasé desde el "derecho jurídico a la intimidad", hasta la descripción de "algo muy interior" de sus raíces etimológicas. Me detuve inquisitivamente cuando los expertos la separaban del sexo y la consideraban como EL FUNDAMENTO DE LAS RELACIONES, colgándole connotaciones románticas, dignas de telenovela.
Los aciertos...
Con esta perspectiva, reconocí la importancia de la INTIMIDAD cuando hablamos de dos; es ese ingrediente básico que nos permite COMPARTIR, ACEPTAR, CONFIAR, SER FRANC@S, ENTREGAD@S, CÓMPLICES, AMIG@S. La intimidad es la que logra dejar la lucha de poderes de lado, nos lleva a estar abiertos a la espontaneidad y a no temer ser juzgados o rechazados.
Cuando tenemos intimidad con alguien, nos sentimos fuertes, determinados, con una mayor capacidad de dar y recibir afecto, con un deseo renovado por la vida.
Justo al escribir lo anterior, encontré claridad ¡yo no lo sentía!... descubrí que mi ruptura no fue por falta de sexo o de objetivos comunes, sino por falta de INTIMIDAD. Y empecé a buscar a mi alrededor, eso de lo que extrañamente yo carecía.
La Realidad...
Busqué en los prototipos de parejas "felices", esos que orgullosos lo comparten TODO, incluso a su grupo de amigos; encontrando que, aunque intenten convencerse de lo contrario, están a años luz de tener intimidad, por todas las inseguridades que esconden. Descubrí que están bastante lejos de la confianza y demasiado cerca de la co-dependencia.
Eché un vistazo en las parejas "equitativas" y contemporáneas, donde los roles se comparten y las mujeres son libres y determinadas. ¡Por ellas aposté!...seguro ese "formato de relación", con mayor individualidad y seguridad, podría guardar el secreto de la intimidad; y nuevamente fallé. ¡Sí! en estas relaciones se comparte respetando el YO, se acepta, confía, hay mayores canales de comunicación, pero hay serias dificultades en la entrega...y sobre todo, la lucha de poderes aniquila los acercamientos.
Si la intimidad es el ingrediente secreto de las relaciones ¿por qué no la encuentro en las innumerables parejas que tengo a mi alrededor -incluyendo la mía-?
El análisis...
Para generar intimidad, se necesitan conjugar distintos elementos:
Estoy en duelo, triunfó el amor pero una relación terminó luego de 10 años de historias compartidas. El recuento de los daños: un amor intacto, una vida sexual agotada y un futuro incierto por compartir. Aunque el proceso de cierre fue impecable, cero reclamos, sin drama y sin heridas abiertas, terminamos con un millón de interrogantes ¿Qué fué lo que no resultó?
El insight...
La respuesta la encontré donde menos la esperaba, en una acalorada discusión acerca del "mundo interior", esa idea implantada para marcar una diferencia entre el YO y el NOSOTROS. Un amigo sugirió: "...Debemos cambiar el concepto de MUNDO INTERIOR por el de INTIMIDAD". ¿I n t i m i d a d?...Guardé silencio y regresé a esa humilde palabra pasada por alto, que empezó a darme las anheladas respuestas de mi ruptura.
La búsqueda...
No fue sencillo encontrar una definición para un concepto tan desgastado y prostituido. Pasé desde el "derecho jurídico a la intimidad", hasta la descripción de "algo muy interior" de sus raíces etimológicas. Me detuve inquisitivamente cuando los expertos la separaban del sexo y la consideraban como EL FUNDAMENTO DE LAS RELACIONES, colgándole connotaciones románticas, dignas de telenovela.
Los aciertos...
Con esta perspectiva, reconocí la importancia de la INTIMIDAD cuando hablamos de dos; es ese ingrediente básico que nos permite COMPARTIR, ACEPTAR, CONFIAR, SER FRANC@S, ENTREGAD@S, CÓMPLICES, AMIG@S. La intimidad es la que logra dejar la lucha de poderes de lado, nos lleva a estar abiertos a la espontaneidad y a no temer ser juzgados o rechazados.
Cuando tenemos intimidad con alguien, nos sentimos fuertes, determinados, con una mayor capacidad de dar y recibir afecto, con un deseo renovado por la vida.
Justo al escribir lo anterior, encontré claridad ¡yo no lo sentía!... descubrí que mi ruptura no fue por falta de sexo o de objetivos comunes, sino por falta de INTIMIDAD. Y empecé a buscar a mi alrededor, eso de lo que extrañamente yo carecía.
La Realidad...
Busqué en los prototipos de parejas "felices", esos que orgullosos lo comparten TODO, incluso a su grupo de amigos; encontrando que, aunque intenten convencerse de lo contrario, están a años luz de tener intimidad, por todas las inseguridades que esconden. Descubrí que están bastante lejos de la confianza y demasiado cerca de la co-dependencia.
Eché un vistazo en las parejas "equitativas" y contemporáneas, donde los roles se comparten y las mujeres son libres y determinadas. ¡Por ellas aposté!...seguro ese "formato de relación", con mayor individualidad y seguridad, podría guardar el secreto de la intimidad; y nuevamente fallé. ¡Sí! en estas relaciones se comparte respetando el YO, se acepta, confía, hay mayores canales de comunicación, pero hay serias dificultades en la entrega...y sobre todo, la lucha de poderes aniquila los acercamientos.
Si la intimidad es el ingrediente secreto de las relaciones ¿por qué no la encuentro en las innumerables parejas que tengo a mi alrededor -incluyendo la mía-?
El análisis...
Para generar intimidad, se necesitan conjugar distintos elementos:
- Tener una autoconfianza sólida. Si queremos confiar en otra persona, es necesario empezar por nosotros; respetar espacios, crecer, ser una persona entera, no solo fragmentos mal unidos por la frustración y el miedo a ser rechazados o heridos.
- Olvidar la guerra de los sexos. Ser sensible y complaciente no te quita independencia y libertad, al contrario, es signo de fortaleza interior. Ya es tiempo que los hombres sean emocionales e íntimos y las mujeres seamos capaces de usar a nuestro adulto para obtener y pedir el amor que queremos.
- Ser empáticos ¡en serio! para lograr genuinamente ser cómplices de nuestras parejas, ayudarlos a alcanzar sus sueños, sin olvidar los nuestros. La empatía se gana con "rosas", ese reconocimiento diario por los pequeños detalles que nuestra pareja hace por nosotros.
- Aprender a ser flexibles. Es indispensable soltarnos y adaptarnos a nuevos escenarios para poder ser espontáneos, divertidos y dejarnos llevar. La rigidez genera rutina, la flexibilidad creatividad.
- Integrar al sexo con la amistad. Tenemos un limitado concepto al creer que cuando disminuye la actividad sexual nuestra relación se transforma en amistad, cuando justo por ese grado de confianza es cuando podemos disfrutarla con mayor intensidad.
Las Conclusiones...
La ruptura de mi relación fue sólo un daño colateral de mi incapacidad para generar intimidad. Tal vez como te pasó a tí o al primo de una amiga que conoces. Rompamos esas definiciones irreales, cargadas de lastres culturales y utópicos que nos dejan más interrogantes que respuestas. Demos un paso adelante y reconozcamos ante todo: la INTIMIDAD es IMPOSIBLE que se construya entre dos personas ROTAS... es momento de ser responsables y trabajar en el YO, para poder construir un NOSOTROS.
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