La Paradoja de SER Sobreviviente

 

Por: Lizbeth Escárcega

Psicóloga Social, Maestra en Psicoterapia Corporal, Especialista en Intervención en Crisis y ¡SOBREVIVIENTE!

 

Decir “SOY SOBREVIVIENTE” no es una afirmación al aire, es una declaración de principios después de haber culminado un examen de grado. Es una agridulce identidad extendida, que nos permite vivir-morir al filo de la paradoja. 

 

Para ser sobreviviente, alguien tuvo que morir. Y en un pacto no escrito, quienes se quedaron en el camino nos han cedido sus años, y con eterna gratitud nos hemos comprometido intensa y exponencialmente a vivir por dos, por tres… o por todos. 

 

Ser uno de nosotros implica apostar sin miedo, por vivir en la osadía del que no tiene nada que perder, porque al despojarnos de lo prescindible ¡ya lo hemos ganado todo!

 

Sobrevivir es aprender a morir con dignidad, por amor y por destino… es tomar el riesgo de  rompernos, derrumbarnos ¡demolerlo todo!…y así, empolvados y entre los escombros, salir con las manos libres para poder por fin, tomar la vida.

 

El secreto de SER sobreviviente está en nuestra mirada compasiva. La que encontramos después de liberarnos del sádico del espejo, del yugo asfixiante y del castigo autoimpuesto. La mayor gracia nos ha sido otorgada por el milagro de Sobrevivir a la tiranía de nosotros mismos.

 

Si sobrevivimos, comprendemos que Morir, no es desaparecer…es transformar, transmutar, limpiar, evolucionar, es renunciar para recibir. Al sobrevivir podemos quedarnos en silencio frente a La muerte y descubrir que detrás de esta máscara de la vida, sólo hay renacimiento.

 

La gran paradoja de sobrevivir al cáncer, a una pandemia, a un accidente o a un revés de la vida, no está en la fuerza o la valentía…está en ejercer libremente, la voluntad de morir sin resistencia.

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