Turbosina en las venas, alas en el corazón

 

Un llamado URGENTE a la familia aeronáutica en épocas de cambio
Por: Mtra. Lizbeth Escárcega
Psicóloga Social, Especialista en Manejo de crisis y atención emocional en accidentes aéreos

 

Llegó el día en el que el mundo entero y los cielos hicieron una pausa… y los “hijos del aire”, de manera automática, activamos nuestro plan personal de respuesta a la emergencia: racionamos recursos, nos mantenemos en alerta constante, preparamos a nuestras familias y sobre todo, sobrevivimos a un estado permanente de estrés e incertidumbre por sentir que nuestro trabajo, nuestra industria y hasta nuestra salud, están en riesgo. –“No es la primera vez”-, pensamos.

 

Justo en estos momentos de reflexión y turbulencia, en los que cuestionamos la extraña adicción que tenemos hacia las aeronaves y nuestra persistencia en pertenecer a la gran familia aeronáutica; es cuando resulta INDISPENSABLE aterrizar la cabeza, respirar profundo y recapitular lo que nos ha hecho fuertes y las lecciones aprendidas en curso de ruta.

 

¿Cuántos de nosotros hemos vivido una crisis en las empresas donde hemos laborado? Quiebras, accidentes, fusiones, despidos masivos, el  9/11.  Al menos 8 de cada 10, hemos tenido que participar activamente donando horas de trabajo para mantener en vuelo, a la flota pintada de los colores de nuestros uniformes. Hemos esperado, trabajado y confiado ¡Lo hacemos con tanta fe! Comprometidos a sostener el ESPÍRITU RESILIENTE de la insignia plasmada en el fuselaje.

 

¿Navidades, eventos familiares, momentos significativos, difíciles o relevantes? 

 

Los espacios vacíos  que dejamos en casa con nuestro nombre, explicarían las exigencias y responsabilidades de las operaciones; donde nuestro principal objetivo (aún por encima de nuestra vida personal) es CONECTAR, tender puentes, llevar ayuda, rescatar. ¡Qué gran muestra de EMPATÍA y servicio al otro! Eso, sin duda, es lo que hemos demostrado en las últimas semanas; lo que nos hace más que profesionales, HUMANOS.

 

¿El medio de transporte más seguro del mundo?

 

 ¡Claro! Sabemos cómo hacer las cosas, tenemos procedimientos y listas de chequeo para todo. Nos hemos asegurado de ver a los ojos a los ERRORES y aprenderles. ¡Qué orgullo y SENTIDO DE PERTENENCIA nos da el jactarnos de ello! Somos PERSISTENTES –y hasta necios- al hablar de seguridad; nos hemos sensibilizado, ya que en esta familia, si hay algo de lo que sabemos, es de pérdidas. TODOS HEMOS PERDIDO ALGO: un amigo, una pareja, trabajo, estabilidad económica, seguridad, vínculos, tiempo, salud… certezas. Si, aprendimos a ser obsesivos para cuidar y proteger, dispuestos a asumir los efectos colaterales de vivir y resolver duelos constantemente.

 

¿Dónde estamos ahora? 

 

Es momento de practicar lo que sabemos hasta el cansancio: CONCIENCIA SITUACIONAL. Es muy probable que hoy, como individuos y como industria, al revisarnos siguiendo el acróstico que utilizan los tripulantes para verificar su estado de bienestar: I’M SAFE (Illness, Medication, Alcohol, Fatigue, Emotion) nuestras condiciones no sean óptimas; algunos estamos enfermos, fatigados e increíblemente emocionales, con miedo. Por eso ha sido sano bajarnos TEMPORALMENTE de vuelo. Y mientras tanto, es fundamental confiar en que TENEMOS TODO LO NECESARIO PARA INSTAURAR UN NUEVO PUNTO DE EQUILIBRIO COMO ¡LO HEMOS HECHO ANTES!:

 

·         Aprendimos a ser resilientes, ya que nos hemos levantado cada vez más creativos y fuertes. Hemos realizado transformaciones significativas que han cambiado la forma de volar, para no sólo seguir “vivos”, sino seguir siendo rentables.  

 

·         Somos expertos en conectar y ser empáticos, ahora es el momento de aprovechar esta cualidad y diseñar estrategias colectivas para transitar esta pausa generalizada. Hagamos alianzas; ahora más que nunca necesitamos tomar decisiones como una gran familia, estar abiertos a espacios de diálogo sin importar los colores de nuestro uniforme, si somos de tierra o aire, si nos mueve la turbosina o el gasavión.

 

·         Reconozcamos que esta situación no es un error, es la oportunidad perfecta para reinventarnos –otra vez-; para dejar de añorar los años dorados de la aviación y adaptarla a la nueva realidad que se está gestando: más unida…más humana.

 

·         Necesitamos mantener una actitud realista-optimista. Siendo conscientes de que habrá efectos colaterales y poder asumirlos como ya sabemos; con responsabilidad, con dignidad y coraje -ese, que nace del CORAZÓN-.

 

·         Hemos perdido mucho… ¡y a muchos! Honremos su memoria siendo persistentes, no claudiquemos. Sabemos cómo resistir, como defender a una industria por necedad… y por amor.

 

¡Pertenecemos a una familia grandiosa! Cerremos filas y cuidémonos la espalda. Contamos el uno con el otro. Es momento de poner las barras, los grados y las certificaciones al servicio: siendo flexibles, creativos, abriendo oportunidades para regresar a casa a quienes emigraron a otro país y para que la aviación general, los comerciales, los ejecutivos, los militares, las escuelas, inversionistas y personal de tierra se sumen, porque ¡LOS NECESITAMOS A TODOS!

 

Todo esto, sin duda es posible, porque no somos una familia cualquiera, nacimos –y nos elegimos-con particularidades que nos hacen IMPARABLES: tenemos empuje, coraje, resiliencia, pasión por lo que hacemos y una emoción inexplicable al escuchar el rugido de motores de un avión…Llevamos TURBOSINA EN LAS VENAS Y ALAS EN EL CORAZÓN.

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